El trayecto de la estación de nuevo al hotel fue horrible, aunque le sirvió para dar con un camino más corto hacia el hotel. Esta vez las miradas parecían clavarse en el más profundas que la vez anterior y pensaba para sus adentros: “Tengo que llevar una cara de decepción, de tristeza y de agobio que tira de espaldas”. Con esa misma cara, llego de nuevo al hotel y subió a su habitación. Saco las velas que llevaba en la mochila y una botella de vino, lleno la habitación de velas, las encendió, descorcho el vino y tumbándose en la cama, bebió directamente de la botella en varias ocasiones. Por los efectos del vino y del cansancio Turnedo se quedo dormido. Sin tener noción de las horas que habían pasado, una llamada en su móvil lo despertó. Era ella. Sonaba su melodía.
-¿Si? –conteste-.
-Estás loco, estás loco ¿Pero como haces estas cosas? Si te pedí que me dieras tiempo para recapacitar sobre todo esto…
-Ya, pero es que yo ya tenía sacados los billetes desde hace mucho más tiempo.
-¿Y como no me lo dijiste?
-Pues porque quería que fuera una sorpresa. Para eso he trabajado en Noche Buena y Noche Vieja en aquella fiesta… Para venir a verte o al menos para hacer lo que estuviera en mi mano...
-¡Madre mía! ¿En que hotel estas?
-En uno que hay aquí al lado de tu casa…
-Bueno… Sal al por mí que me da vergüenza entrar yo sola…
Turnedo colgó el teléfono rápidamente se puso el abrigo y salió corriendo. No quiso esperar ni el ascensor, así que bajo por las escaleras. Salió a la calle y cuando había recorrido unos 20 metro, la vio aparecer. Dios mío, era preciosa, muchísimo más que en las fotos.
Los dos se miraron fijamente mientras se dirigían el uno hacia el otro y en sus caras se dibujaron una tímida sonrisilla. Al llegar el uno frente al otro, la tensión podía palparse en el ambiente. Pero llego el momento deseado para los dos. Si ella estaba allí era porque lo deseaba, de lo contrario no habría venido. Ambos se fundieron en un abrazo que a pesar de durar unos segundos, les pareció eterno. Entonces una vez que se soltaron, Kina casi tirando de él se dirigió al hotel, ya que no era la calle el sitio más apropiado para encontrarse conmigo, teniendo en cuenta que ella vivía 3 o 4 calles más abajo. Subiendo las escaleras de la entrada ella le dijo a Turnedo: “Dime algo, dame la mano ¿no?”. El, un poco nervioso habia dejado de mirarla durante unos segundo por temor a ver en sus ojos que hubiera acudido a la cita por alguna especie de compromiso u obligación.
El sevillano tomo la mano de la catalana y entraron en el hotel rápidamente y casi sin saludar al recepcionista. Al llegar a la habitación y abrir la puerta, Kina vio todas aquellas velas encendidas por toda la habitación, el ramo de flores en mesita de noche junto al peluche y en la otra, una botella de vino.
Aunque pareciera algo preparado, Turnedo no lo hizo con esa intención puesto que no esperaba que ella decidiera ir a conocerlo después de lo ocurrido en su trabajo.
Fue como una especie de pensamiento ante la negatividad de sus presentimientos, lo que le llevo a encender las velas y a abrir el vino. Como diciendo: “Bueno, al menos si ella no viene voy a aprovechar yo estas cosas”. Así que lo primero que pensó Turnedo al abrir la puerta fue en la rapidez con la que había salido de la habitación al recibir la llamada de ella y olvidar apagar todas aquellas velas.
De ella salió un tembloroso suspiro que inquieto a Turnedo. ¿Y si piensa que lo he preparado todo como una araña prepara su tela para que caiga en ella? Todo esto lo pensaba mientras nos quitábamos los abrigos –cada no el suyo- debido a que tantas hora aquellas velas encendidas y la habitación cerrada, habían aumentado la temperatura de la habitación. Ella se sentó a los pies de la cama y Turnedo lo hizo a su diestra, se cogieron las manos y se miraban fijamente sin decirse nada.
El lenguaje corporal y las miradas podían decir mucho más que cualquier palabra. Entonces ella dijo, acariciándole las manos: “¿Estas nervioso? Te sudan mucho las manos”. El contestó con una sonrisa algo sonora y lo único que pudo, fue pedirle perdón si algo de lo que había hecho la había molestado. Ella entonces lo abrazo y el, fiel a su idea de no hacer nada por lo que ella pudiera sentirse obligada o arrepentida más tarde, se limito a responder con otro abrazo. Y así irían sucediendo las cosas.
El deseaba besarla con todas sus fuerzas y ella se encontraba en la misma tesitura. Era gracioso, dos personas deseando besarse y ninguna hacia nada por poner solución al deseo. Uno por respeto y supongo que ella por miedo, sentimiento de culpa… Pero sucedió de la misma forma que el abrazo, ella se acerco a Turnedo lentamente y beso sus primero su mejilla acercándose lentamente a sus labios. Llegado este punto, el también respondió y poniendo de su parte se besaron. Fue un beso tímido. Algo pasaba en el ambiente. Nos miramos y esta vez fue el sevillano quien abrazo a Kina, que estaba algo rara.
Se podía ver en su cara que sabía que había dado el primer paso hacia la infidelidad. Y supongo que eso es doloroso en personas con conciencia. Seguramente la expresión del rostro de Kina se debiera a que era consciente de que aquello no era una infidelidad meramente sexual o de atracción. No, era una infidelidad fundamentada en el amor hacia una persona que no es tu pareja, era una infidelidad que comenzó siendo de pensamiento y que después de un mes y dos días de horas chateando y largas conversaciones telefónicas, el amor que entonces se expresaban camuflado tras la frialdad de una pantalla de ordenador o de un teléfono, estaba a punto de convertirse en un amor real, carnal, tangible, palpable… y lo más importante, basado en el amor, en un “gran amor”. En pocas palabras aquello que estaba a punto de ocurrir era una infidelidad por amor.
Turnedo a sus 29 años jamás había sido infiel y no era muy defensor de los deslices, aventuras e infidelidades. Y aunque sabía que aquello estaba mal no hizo nada por frenar aquella situación.
El pensó que tal vez en aquel caso, la infidelidad estaba algo justificada. Partiendo de la base que, aunque él no lo había hecho jamás, el dejar a una persona, la cual ha sido tu pareja durante tantos años debía de ser difícil y que aquel encuentro se suponía, iba a ser el comienzo de una relación en la que los dos, Kina y Turnedo, habían depositado muchas ilusiones y esperanza, durante aquel mes y dos días.
De esta manera se mitigaba, de cierta manera, el sentimiento de culpa de ambo. Y digo de ambos porque Kina debió de pensar lo mismo.
Continuaron durante algún rato mas sentados al borde de la cama mirándose fijamente el uno al otro, con sus manos entrelazadas y besándose entre confesión y confesión.
Kina repetía de forma constante a Turnedo, lo loco que estaba. Pero no hacía falta que ella se lo dijera, porque él lo sabía. Estaba loco por ella y hubiese ido al fin del mundo si Kina hubiese estado allí.
Turnedo se levanto y fue al otro lado de la cama, cogió las flores y el peluche que estaban en la mesita de noche, se acerco a ella y le entrego ambas cosas a Kina. La tensión entre los dos cada vez era menos y ella después de mirar las flores y olerlas unos instantes, se levanto también y las coloco en el mismo lugar de donde las había cogido Turnedo. Luego cogió el peluche y lo puso en su pecho abrazándolo con fuerza mientras miraba a Turnedo de una forma, que a él jamás se le olvidara. Jamás había visto, ni sentido una mirada con tanto sentimiento, con tanta dulzura, con tanta pasión y sobre todo con tanta ilusión.
Los dos se pusieron cómodos. Kina se quito las botas negras de tacón que traía por encima de su pantalón vaquero y se sentó como los indios en el centro de la cama abrazando a su nuevo peluche. Turnedo se sentó de nuevo en el mismo sitio de antes, al borde de la cama, pero mirando hacia ella. Coloco una de sus piernas dentro del colchón dejando el pie al borde de este para no ensuciar la colcha y acariciando al peluche dijo:
-¿Te gusta?
-Si, me encanta. Me gustan muchos los ositos de peluche… Estás loco, Turnedo, estás loco.
-Ya, pero es que yo soy así.
-Y me encanta que seas así…
-Bueno y ¿cómo vas a llamar al peluche?
-No se…
-Como te lo he regalado yo puedes ponerle “Locco”.
Kina sonrió y cogiendo a Locco como si de un bebe se tratase, lo levanto poniéndolo a la altura de sus ojos, lo miro y volvió a acunarlo entre sus brazos llamándolo por su nuevo nombre.
Entonces Kina se estiro un poco y soltó a Locco sobre la mesita, al lado de las flores y volvió al centro de la cama bajo la atenta mirada de Turnedo y se abrazaron. Al abrazo le siguió un beso. Pero esta vez no se trataba de un beso tímido y breve. Este se prolongo y su intensidad cada vez aumentaba más. Lo mismo que la temperatura de la habitación. Las decenas de velas colocadas y encendidas por el sevillano, dispuestas por la habitación empezaban a cargar el ambiente de esta. Pero Turnedo y Kina continuaban besándose cada vez más desenfrenadamente. Hasta que entre el calor que hacia allí dentro y la excitación de ambos, interrumpieron el beso para quitarse ropa.
Turnedo, mientras seguía besando a Kina, se quito los zapatos con sus pies y se acerco un poco más a ella. Con cuidado, fue “obligándola” a tumbarse en la cama. Continuaron besándose, prolongando aquello con miedo a dar el siguiente paso. Un paso, que si alguno de los dos no ponía remedio. Acabaría en zancada.
Kina acariciaba la cara de Turnedo, tocando su barba de 2 días. A Kina le resultaba sexy. Paraba de besarlo y mirándolo fijamente, ella se mordió su labio inferior. Aquella mirada lo dijo todo. Aquella mirada llevaba todos aquellos piropos que Kina había dicho a Turnedo durante aquel mes. Aquella mirada iba cargada de deseo… Aquella mirada acompañada de aquel gesto fue la llave que abrió las puertas hacia otro mundo para los dos.
Ya no pudieron contener más toda aquella pasión, todo aquel deseo, todo aquel amor. Kina comenzó a desnudarse y Turnedo, fiel aun a su idea de no hacer nada de lo que ella pudiera arrepentirse o hacerla sentir mal, al verla despojarse de su ropa, hizo lo mismo. Los dos enamorados quedaron en ropa interior.
Kina se echo encima de Turnedo y continuaron besándose. Pero ahora podían sentirse el uno al otro. Notar el calor de sus cuerpos, sentir como latían sus corazones, sentir la excitación. Tardaron poco en quedar completamente desnudos y dentro de la cama.
Ya no había vuelta atrás. Ya una vez llegados aquí y por efecto de los nervios, casi sin darse cuenta, sus cuerpos se encontraron fundiéndose en uno e hicieron el amor. Al principio fue algo tímido, cuidadoso, pausado…
Supongo que por ser la primera toma de contacto y por otro motivo que nada tiene que ver con los sentimientos Turnedo había sido intervenido de “fimosis” no hacía mucho tiempo. El suficiente para que cayeran los puntos y cicatrizara. Pero según el consejo de un medico, demasiado pronto para empezar a tener relaciones sexuales. Kina era conocedora de este “problema” y no quería hacer daño a Turnedo. Y este, lógicamente, no quería hacerse daño el mismo “forzando la maquina”. Pero a medida que los dos seguían disfrutando de aquel ansiado momento y comprobaban que todo iba funcionando con normalidad, el ritmo de ambos se veía incrementado, el deseo incontrolado, la pasión desbordada y lo que empezó de aquella forma tímida y miedosa, acabo convirtiéndose en verdadera lujuria. Una lujuria que a muchos podría resultar impropia y incompatible con “hacer el amor”, pero tanto Kina como Turnedo, conocedores de la forma de pensar el uno del otro sobre temas sexuales y amatorios, veían, concebían y como tal acabaron haciendo, con toda naturalidad.
Cuando los dos llegaron al orgasmo, se abrazaron, sudorosos, jadeantes, cansados y en silencio no pararon de acariciarse. Kina se echó sobre el pecho de su sevillano y jugando con su dedo haciéndolo bailar por su abdomen, se puso a escuchar como latía su corazón.
